Bamberg, el reencuentro con las rauchbier (Baviera II)

Corría el año 2014, un servidor acudió a una cata de cervezas y quesos en Labirratorium y fue allí donde probé por primera vez la famosa märzen ahumada de la cervecera Schlenkerla, suficiente para cogerle mucha manía al estilo y a casi cualquier otra cerveza ahumada…

¿Por qué empiezo contando esto? Porque nuestra segunda parada en el viaje fue precisamente a Bamberg, ciudad conocida por sus cervezas ahumadas y donde Schlenkerla tiene su fábrica. Como curiosidad para los cerveceros caseros, allí también se encuentra la maltería de Weyermann, cuyas maltas usamos una gran cantidad de aficionados. Nosotros no la visitamos.

El centro histórico de Bamberg se recorre muy bien andando, es una ciudad muy bonita, con sus casas de colores, el río dividiendo la ciudad, aunque nuestra experiencia no fue tan positiva por encontrarnos muchos edificios históricos con andamios, unido a varios escenarios para conciertos puestos en lugares clave (supongo fruto del ajetreo del verano), y a encontrarnos más tráfico de coches de lo que nos esperábamos en un centro histórico de calles estrechas. Aún así, creo que es una visita recomendable.

Después del turisteo matinal, llegaba la hora de tomarse una cerveza. Casualmente estábamos muy cerca de Schlenkerla… y dijimos, la probamos y nos vamos a otro sitio a comer. Nada más lejos de la realidad, la probamos, y nos quedamos a comer…

La cervecería, con varias estancias, con buenas mesas de madera y decorada con motivos típicos de las tabernas alemanas, nos pareció muy bonita. Además pillamos una mesa al lado de la ventana, que con el calor que hacía vino de lujo. Lo negativo de la visita, la camarera, que ni tenía ganas de atendernos ni puso mucho de su parte cuando le pregunté (en inglés) por las cervezas. Me dijo que sólo había «rauch» (empezamos bien me dije… ¡si son todas ahumadas!). Tras preguntar por la Urbock, me dijo que esa no la había, que podía pedir «marzën». Total, pedimos la marzën y la de trigo (como veis, no había «sólo marzën»…).

Le dimos el primer trago y… ¡esto está muy bueno! Todos los malos recuerdos sobre esta peculiar cerveza se esfumaron como el humo que usan para ahumar la malta con la que se hace. Mucho más integrado ese sabor a barbacoa, humo, que la botella de aquel entonces. Al final iban a tener razón los de Schlenkerla en su publicidad, «Aunque el primer trago de la cerveza sea algo extraño, no pare, porque usted pronto se dará cuenta de que su sed no disminuirá y su placer aumentará visiblemente.»

Precios de la cerveza en Schlenkerla

En el caso de la de trigo, el aroma era más intenso, pero luego en boca no lo era tanto, y se bebía bastante bien, aunque era algo más dulzona, me quedo con la marzën sin dudarlo. Total, que pedimos dos codillos en salsa de la cerveza de la casa y disfrutamos como enanos. Casi al irnos vimos que a la mesa de al lado les servían la que supusimos que era la cerveza de temporada, «Krausen», que me hubiese gustado probar pero que «gracias» a la «agradable» camarera me quedé con las ganas, otra vez será.

Ya por la tarde, tras un agradable paseo junto al río (lo llaman «la pequeña Venecia», pero creo que se les ha ido la mano con el nombre…), y antes de volver a Nuremberg en tren, nos tomamos la última en la cervecería Spezial. Las cervezas que probamos, de la casa y servidas por gravedad directamente del barril de madera, fueron una rauch y una helles. La ahumada con aromas a pan tostado, caramelo y el ahumado que estando presente, era más contenido que la de Schlenkerla. En boca suave y todo bien integrado, con un retrogusto a ahumado muy agradable.

La otra cerveza, una helles algo turbia, con aromas a cereal y algo herbales también, muy refrescante, con un punto más amargo tal vez que otras helles y un final algo cítrico. Fue una de las sorpresas del viaje y de la que guardo muy buenos recuerdos. De no ser porque perdíamos el tren, me hubiese tomado otra tan ricamente, y más estando a 2.80€ el medio litro

Después del refrigerio, un paseo hasta la estación de tren y vuelta tranquila hasta Nuremberg dejando a un lado los atascos de la autovía, donde haríamos noche para cambiar de ciudad y de alojamiento a la mañana siguiente, poniendo rumbo sur, pero eso ya lo cuento otro día 🙂

2 comentarios en “Bamberg, el reencuentro con las rauchbier (Baviera II)

  1. A mi me pasó algo parecido con las Cantillon (ya sé que estas si que no te van nada de nada…). Cuando las probé por primera vez mensé que qué demonios era esa bazofia. Ahora no hay fin de semana que caiga algo del estilo. Tantos estas como las Rauch son difíciles la primera vez pero luego o admiran al personal o son odidadas. Algo también parecido a la Orval (por cierto)

    Saludos

    • Sí, con las lambic dicen que pasa lo mismo, a mi por el momento no, pero vete a saber, tampoco me cierro en banda a nada. Yo creo que las rauch, con determinada comida pueden ir muy bien, a palo seco son más durillas, pero con el codillo que nos metimos al cuerpo iba de lujo jajaja.

      Un saludo!

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