Llegada a Munich (Baviera III)

Como no somos nosotros muy de agobiarnos en los viajes, el día que viajamos de Nuremberg a Munich nos levantamos sin prisa alguna, desayunamos tranquilamente cerca del hotel, y nos fuimos a comprar el Bayern-Ticket para viajar en tren hasta Munich. Por 31 euros viajamos los dos y además pudimos usar el transporte de Munich durante todo el día (el billete incluye viajes ilimitados en trenes regionales y transporte urbano durante un día), algo muy asequible a nuestro parecer.

Llegamos prácticamente a la hora de comer, picamos algo rápido después de dejar las maletas en el hotel y como el día acompañaba (calorazo…) y no nos apetecía mucho meternos en el centro, aprovechamos para pasar la tarde en uno de los sitios más auténticos del viaje, y del que llevábamos buenas referencias, el biergarten de Augustiner en el parque Hirschgarten.


Este parque está situado algo alejado del centro histórico (lo suficiente para no ver ningún grupo de japoneses…), aunque tampoco tanto como para que te lo tengas que pensar mucho. Nosotros teníamos el hotel bastante lejos y tardamos una media hora en llegar hasta la parada del S-Bahn más cercana, más un agradable paseo cruzando el parque hasta llegar a nuestro punto de destino. Y mereció la pena.

Una vez allí, un montón de mesas de madera con sus correspondientes bancos llenan el espacio destinado para unas 8.000 personas (según la web), por lo que ya os podéis hacer una idea. Eso sí, todo perfectamente organizado, sin apenas colas, con varios puestos donde comprar cerveza y comida, servicio de recogida y limpieza de jarras, recogida de basura, baños limpios, una gozada. Rápidamente nos vino a la cabeza lo mucho que se disfrutaría un sitio así en Madrid (y con Augustiner ya sería la leche…), por ejemplo en la Casa de Campo. Soñar es libre…

Para beber cerveza, el funcionamiento es el siguiente. Hay armarios llenos de jarras de un litro (las hay más pequeñas para las sin alcohol y similares), sin vigilancia ninguna, tú vas, coges una jarra, la enjuagas un poco (están limpias ya) en los grifos con agua colocados justo en frente de los armarios, y vas a alguno de los puestos a por tu cerveza. Así de fácil y cómodo, no hay fianza por las jarras, la gente la llena, acaba su cerveza y deja la jarra vacía en mesas para ser recogidas, o incluso te las recogen si te las ven vacías. Como decía, un lujo.

La cerveza, la estupenda Augustiner Lagerbier Hell servida en barriles de madera por gravedad, una de mis cervezas favoritas (que al menos en Madrid podemos comprarla en botella) y que allí me supo todavía mejor, creo que todavía puedo saborear la cerveza que nos tomamos bajo la sombra de los árboles, acompañada de un bretzel del tamaño del volante de un Fórmula-1 y una salchicha con curry. El precio de la cerveza era de 7 euros la jarra de litro.

Otra cosa a mencionar y que llama la atención, es la tranquilidad que se respira a pesar de la cantidad de cerveza que se sirve allí. Teniendo en cuenta que la gran mayoría son jarras de un litro, aunque la cerveza tenga apenas 5% de alcohol, se veía que la gente iba a disfrutar, a pasar la tarde entre amigos o en familia, algunos ataviados con los trajes bávaros tradicionales, sus tapas para las jarras, y con la cesta de mimbre para merendar a modo de picnic (se permite llevar comida, aunque se pide que al menos se compre la bebida allí) acompañados de una buena jarra de cerveza.

Ya poniéndose el sol nos acercamos al centro histórico de Munich, pero eso lo dejo para posteriores entradas 🙂

10 comentarios en “Llegada a Munich (Baviera III)

  1. Yo estuve hace 3-4 años en Munich y aluciné, Augustiner me supo mil veces mejor que en España. Qué envidia me has dado, volvería encantado.

    ¡Un saludo!

  2. Te escribo con dos lagrimones cayéndome por las mejillas. ¿8000 personas?, ¿ese servicio de mesas?, ¿esa dinámica para beber cerveza?, ¿Augustiner Hell directamente de barril?. Alucinando.
    Este sí que me lo apunto a fuego en mi «wishlist» si alguna vez me animo por un viaje similar

    Un saludo

    • jajajaja, a mi me pareció una gozada. Íbamos recomendados por Pau, a ellos los llevó un amigo suyo que vive allí si no recuerdo mal, y la verdad, es como para llenar la fiambrera y pasarse allí todo el día 😀

      Un saludo!

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