Saison Series, turno de Omega Yeast

He vuelto a hacer cerveza, y he vuelto a hacer otra saison, y dependiendo de como estén las temperaturas dentro de un mes, veremos si sigo con este estilo o elaboro una American IPA con los lúpulos que tengo en el congelador, que no quiero que se me pasen de fecha, estas materias primas hay que usarlas lo más frescas posible.

Esta vez sí, me dio tiempo a prepar un starter de levadura líquida,  y la elegida fue la Saisonstein’s Monster de Omega Yeast (OYL-500), que uno de los miembros de la Ciruelo Breband me había pasado hacía ya tiempo. Como veis en la foto del criotubo, él la había cultivado hace casi dos años (la verdad que yo pensaba que era del año pasado, me despisté por completo), pero no tuve ningún problema en reproducirla, enseguida se activó dentro del matraz, y fue fácil preparar una buena cantidad de levadura en pocos días.

Según sus especificaciones, esta levadura es un híbrido de otras dos, una French Saison y una Belgian Saison, y ha sido clasificada dentro de la variedad diastaticus (Saccharomyces cerevisiae), lo cual significa que es capaz de descomponer azúcares más complejos en otros más simples, y por tanto, fáciles de procesar para la levadura, de ahí que se espere una alta atenuación (del 80-90%).

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Cervezas sour “rápidas”, acidez sin riesgos

Indiscutiblemente, el estilo más elaborado y demandado en el mercado no tradicional de cerveza, es la American IPA, en cualquiera de sus versiones más o menos turbias, más o menos amargas o más o menos alcohólicas. Pero también es cierto que de un tiempo a esta parte cada vez se ven más cervezas todavía desconocidas para la gran mayoría, esas con perfiles más ácidos,  con añadidos de fruta en muchos casos, y que poco a poco van calando en la gente.

Me refiero a las cervezas enmarcadas dentro de la categoría “sour” (ácido/agrio en inglés), que nada tienen que ver con sus primas lupuladas comentadas anteriormente. Si bien es cierto que no soy yo precisamente un gran amante de estos sabores, a base de probar alguna que otra, digamos que empiezo a tolerar mejor la acidez en la cerveza, siempre que esta no sea desmedida. Así que si unimos esto a que mi chica cada vez se está aficionando más a estas cervezas, especialmente las que llevan adiciones de frutas, junto con que este año me he propuesto experimentar más con mis elaboraciones, pues me he puesto a investigar un poco cómo jugar con el pH sin liarla demasiado.


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Primer experimento: grisette con mango

Mientas me tomo tranquilamente una pinta de la Summer Ale y suena Alright, de Supergrass en mi cuenta de Spotify, apuro una de las últimas tardes libres de la jornada intensiva laboral de verano, esa que personalmente creo que deberíamos tener todo el año, pero que por el hambre voraz del capitalismo es imposible que se implante en este país (y dudo que en casi cualquier otro).

Pero bueno, no nos vayamos por las ramas, que aquí estamos para escribir y debatir sobre cerveza, el resto de temas procuro dejarlos a un lado por estos lares, acaban dando más disgustos que otra cosa.

El caso es que hace un rato me ha dado por medir la densidad de la grisette que elaboré hace casi dos semanas. Casi dos semanas en las que la cerveza ha estado en el fermentador, si eres de los que te has pasado por este blog de vez en cuando, sabrás que no soy amigo de separar la cerveza de la levadura demasiado pronto, al contrario, dejo que se conozcan, que se lo pasen bien juntas, y les doy unos días de margen para relajarse antes de la despedida.

Como preveía, esta levadura se ha comido todo lo que ha podido, partiendo de una Densidad Inicial de 1034, el densímetro marcaba 1000-1001 como densidad final, justo en la franja roja del mismo, que indica el teórico límite de la densidad del mosto, ahora ya convertido en cerveza. Por lo tanto procedí a preparar todo para extraer la cerveza del fermentador.

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Grisette, la hermana pequeña de las saison

Como ya había mono de elaborar, y las altas temperaturas que hemos tenido hasta bien entrado agosto no me permitían hacer nada, he aprovechado la pequeña bajada de los termómetros para elaborar la primera cerveza del año, una grisette.

Al parecer,  es un estilo originario de los alrededores de Hainaut (Bélgica) donde ayudaba a refrescarse a los mineros de la zona, y al menos hoy en día lo que se espera encontrar uno al probar una grisette es una cerveza de baja graduación alcohólica (habitualmente entre 3%-4%), de cuerpo ligero y final seco, con una presencia de lúpulo más notable que sus hermanas mayores las saison, y sin acidez.

Lo cierto es que he podido probar pocas cervezas comerciales de este estilo, pero las tres o cuatro que he probado, me han llamado la atención. Todas tenían ese recuerdo a cerveza saison (estilo que cada vez me gusta más), ligeramente especiada, refrescante, y además, con muy poca graduación alcohólica, lo que al menos para mi las hace muy interesantes.

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