Cata vertical de Orval

Recuerdo la primera vez que probé una Orval, fue en nuestro viaje a Bélgica de hace unos años, en una preciosa y escondida cervecería del centro de Bruselas, Au Bon Vieux Temp. Esto fue en mayo de 2014, y tras volver y beber otra botella ya en Madrid, decidí que había que comprar una más y olvidarla en el trastero, de donde fue rescatada hace unas semanas.

En ocasiones, el no tener ni idea de lo que te vas a encontrar ni saber nada acerca de sus ingredientes (por aquel entonces apenas sabía lo que era el «brett», ni tan siquiera que se usaba en esta cerveza), hace que no estés condicionado y juzgues por ti mismo, de manera objetiva, lo que tienes delante. La mayoría de la gente que me conoce sabe que mi relación con el «Brettanomyces» (brett, para los amigos) es bastante distante, he probado muy pocas cervezas fermentadas con estos «bichitos» que me gusten. Normalmente lo primero que me tira para atrás es los desagradables (para mi) aromas que desprenden las cervezas que lo llevan, sinceramente, si algo es descrito como «olor a manta de caballo» u «olor a cuadra», creo que ya poco más os tengo que contar. Pero en gustos no hay nada escrito, por supuesto 🙂

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