Saison con hibisco

Sigo experimentando con ingredientes poco convencionales en la elaboración de cerveza, y de momento con un estilo que creo que admite un amplio abanico de posibilidades, como es el estilo saison.

En este caso le ha tocado a la última elaboración, la saison fermentada con la OYL-500 de Omega Yeast. Por motivos que no vienen al caso, se pasó en el fermentador algo más de tres semanas, tiempo que considero suficiente para que la levadura terminase de hacer su trabajo. La Densidad Final, medida con el densímetro, fue de 1004, lo que nos da una atenuación de algo más del 92%, algo dentro de lo esperado y que ha dejado una cerveza de unos 6.6% de alcohol.

Saison con hibisco

Lo cierto es que la muestra del fermentador olía bastante bien, no demasiado fenólica, pero sí con aromas bien definidos que recuerdan a una saison (yo la verdad es que no sé como definirlos mejor, pero sí que es reconocible en estilo), ligeramente especiados, algo frutales, pero hay que esperar a ver cómo evoluciona y, sobretodo, qué tal resulta una vez ya carbonatada.

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Dark Mild, resultados del experimento

Ya a principios de noviembre hablaba sobre un experimento que hice el día que elaboré la American Stout, que no fue otra cosa que el intentar obtener dos cervezas diferentes a partir de la misma receta de maltas. Antiguamente, los elaboradores de cerveza obtenían de una misma cantidad de grano, dos o tres cervezas diferentes, extraían el primer mosto para obtener una cerveza más fuerte (densidad más alta), volvían a añadir agua y extraían un segundo mosto, ya con menos azúcares, y en algunos casos se volvía a hacer una tercera pasada.

Pues básicamente esto, conocido también como parti gyle, es lo que hice después de obtener el mosto para mi stout. Aunque también es verdad que yo no me ceñí extrictamente a la teoría y añadí algo de extracto seco de malta al segundo mosto.

Tras sacar todos los litros que necesitaba para la stout, añadí agua caliente de nuevo al macerador, con la idea de tener unos cuatro litros como mucho en el fermentador (garrafa de agua mineral vacía…). No quería sacar más litros porque tampoco tenía suficiente levadura y no me la quería jugar, así que obtuve unos 3.8 litros aproximadamente, a una densidad de 1017-1018, que obviamente, era demasiado baja. Ajusté densidad disolviendo en ese mosto algo de extracto seco light (175 gr), añadí a ojo unos pellets de Centennial (era el que tenía a mano, que acababa de usar en la Stout), dudo que fueran más de 2gr., y lo herví durante 15 minutos, lo suficiente para esterilizarlo. Resultado, fueron al fermentador unos 3.5 litros a una densidad de 1034.

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Dividiendo la saison en dos…

Tras dos semanas de fermentación, o más bien, con la cerveza en el fermentador, tocaba ya sacarla y pasar a madurar en frío unos días, proceso que hago con todas las cervezas que elaboro y que, aunque alarga unos días más la espera hasta que uno puede probar la cerveza, recomiendo a todo el mundo una vez haya hecho ya sus primeros lotes. El frío ayuda a integrar bien los sabores, y sobretodo a decantar levadura y restos de lúpulo, lo cual hará que obtengamos una cerveza más limpia y con menos posos en las botellas.

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Extra de lúpulo…

Como ya dije en su día, el resultado de la belgian ale, BAVAM, no quedó del todo mal pero sí algo más dulce de la cuenta. Soy consciente de que lo hecho, hecho está, y que lo que tengo que hacer para la próxima vez es mejorar el proceso y corregir los errores.

Pero una de las motivaciones que me han llevado a esto de hacer cerveza en casa es el de experimentar, intentar hacer cervezas que me gusten, saber más acerca del mundo cervecero y, en definitiva, pasarlo bien.

Concentrado de lúpulo

Así que hace unos días me puse manos a la obra con un experimento lupulizado con el fin de compensar un poco ese dulzor en exceso, y como lo único que iba a «perder» eran cuatro gramos de lúpulo EK Golding en flor y una media hora de tiempo libre, tampoco perdía gran cosa por intentarlo.

El experimento consistió en hacer un mini-hervido de lúpulo con el fin de extraer su amargor, para añadirlo directamente al vaso en el momento de servir la cerveza. Tras hervir el lúpulo, colarlo y llenar aproximadamente un litro en una botella de cristal, lo dejé enfriar y lo guardé en la nevera hasta el día siguiente. También guardé un poco en un vaso para probar el experimento directamente sin mezclar y efectivamente, sabía a rayos… 😀

Concentrado de lúpulo

Al día siguiente llegó el momento de la verdad, así que serví una cucharada pequeña del concentrado de lúpulo (que queda muy «pofesional» decirlo así…) en un vaso y acto seguido eché la cerveza. No se notaba mucho así que añadí un poco más y removí un poco (si, todo muy rudimentario pero, ¿habéis visto como se llama el blog? pues eso), y tengo que reconocer que algo cambia, no sé si mejora o no, sería muy atrevido decir eso, pero cambia. Obviamente el experimento no arregla la mala elaboración, pero camufla un poco ese exceso de dulzor que no me convencía, así que estoy pensando en congelar en un bote parte del «amargador rumdimentario marca ACME» para futuros fiascos.

Como anécdota y tras darle a probar a mi chica de los dos vasos, uno con experimento y otro sin él, ella sigue prefiriendo la original BAVAM, así que las botellas que quedan las seguirá disfrutando ella, que también aguanta lo suyo en casa jejeje.