Resultado de hervir 30 minutos

A principios  de abril publiqué un artículo en el que comentaba que iba a elaborar una cerveza reduciendo el tiempo de hervido a la mitad, y que tuvo cierta transcendencia en las redes sociales entre los colegas cibernético-cerveceros, si es que existe esta palabra…

Cuando uno empieza en esta afición, lo normal es seguir al pie de la letra las reglas básicas y los consejos de los que ya llevan un tiempo haciendo cerveza en su casa, y así lo sigo pensando incluso después de hacer varios experimentos, como comentaba el día que recomendaba quemar la mayoría de instrucciones de los kits de iniciación. Pienso que es fundamental obtener una cerveza bien hecha siguiendo el proceso habitual, y a partir de ahí, empezar a investigar o probar otras cosas, lo que en el sabio refranero español se conoce como “no empezar la casa por el tejado”.

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Nueva receta: 30 min APA

Después de unas semanas sin poner la cocina patas arriba toca ya de nuevo moler un poco de malta y liarse a elaborar el siguiente lote. Tras unos días de calor, parece que las temperaturas están volviendo a lo que se espera por estas fechas, así que hay que aprovechar para tener algo que beber cuando los termómetros vuelvan a subir.

La primera opción que se me había pasado por la cabeza era la de intentar elaborar una “table beer”, algo que por aquí apenas se ve, pero que en UK abunda, cervezas de baja graduación (rondando los 3%), aromáticas y lupuladas, muy fáciles de beber (todavía recuerdo la pinta de la table beer de The Kernel cargada de Citra y con sólo 3% que me tomé en Londres el año pasado, espectacular). Pero al final he decidido no arriesgar tanto y el objetivo es obtener una cerveza de unos 4-4.5%, que también está muy contenida en cuanto al grado alcohólico y no es tan arriesgada de elaborar sin un control de macerado algo más preciso.

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Experimentando con té en la saison

La segunda receta de la temporada ha sido una saison, me gustó mucho la levadura RVA 263 Ghost Saison y decidí elaborar otra cerveza con ella. En este caso maceré un poco más bajo y añadí algo menos de Carapils, lo que al final resultó en que la densidad final bajase hasta unos 1007-1008, por debajo de la anterior elaboración, que era lo que buscaba.

La cerveza estuvo en el fermentador durante doce días, en los que la temperatura de fermentación fue subiendo hasta unos 23.5 – 24 ºC en el pico más alto, estando estos datos dentro del rango recomendado (18-26 ºC). Pasado este tiempo, añadí un paquete de 50gr recién abierto de lúpulo Styrian Wolf en dry-hopping, que estuvo en contacto con la cerveza otros cinco días más.

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Birraexperimento rudimentario con Citra

Hoy voy a hablaros de un “birraexperimento rudimentario” que me dio por hacer días atrás. Lo que me motivó a hacerlo es que prácticamente me quedé sin lúpulo citra tras las últimas elaboraciones, pero me sobraron un puñadito de pellets que no iba a poder aprovechar en otras recetas y decidí a usarlo de otra manera con el principal objetivo de aprender a reconocer sus aromas.

Lo que se me ocurrió hacer con ellos fue un dry-hopping un tanto especial, con una cerveza comercial. Así que me pasé por el supermercado a hacer la compra, y de paso me llevé a casa una botella de Mahou Light. Lo que buscaba era una cerveza ligera y con poco sabor-aroma para intentar ver mejor los cambios después de añadir el lúpulo. Esta cerveza es muy ligera, tiene poco alcohol (3.5%) y un sabor que es algo entre medias de una Mahou normal y una sin alcohol…

Una vez en casa, abrí la botella y le metí cuatro pellets de Citra (bueno vale, al final fue un poco más…). Cogí la chapadora, volví a cerrar la botella y la guardé en el armario de la cocina tres días a temperatura ambiente. Al cuarto día pasé la botella a la nevera, en posición vertical, y ahí estuvo otros cuatro días. Los pellets se descomponen y enturbian mucho la cerveza, por lo que el frío ayuda a que sedimenten en el fondo.

Hop Experiment

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