¡Nuevo equipo rudimentario!

– Así que tú también haces cerveza en casa?
– Sí, llevo ya un tiempo con esta afición, pero hago lotes pequeños…
– Ah ya…, ¿de cuántos litros?
– De unos cuatro o cinco litros.
[CARA DE ASOMBRO CON LOS OJOS COMO PLATOS]
– Yo es que para hacer eso no hago nada, mínimo veinte litros…

Creo que no soy capaz de recordad la cantidad de veces que he vivido esta misma conversación, con sus variantes de “estás loco”, o “se tarda lo mismo en hacer cuatro que veinte litros” (llegó un día que me cansé de explicar y argumentar que no, no se tarda lo mismo…), o “eso me lo bebo yo en una tarde”, y alguna más que no recuerdo ahora…

A día de hoy, muchos siguen sin entender que en un piso pequeño, el volumen importa mucho, y también les sigue costando entender que para pasarlo bien, uno no necesita tener una fábrica metida en casa. Mención a un lado de que se puedan obtener buenos resultados, cosa que parece ser que todavía sorprende a alguno, como si hacer cincuenta litros fuera sinónimo de calidad. En fin, a lo que vamos…

Tras todo este tiempo, me he vuelto loco, he tirado la casa por la ventana, casi también algún tabique, adaptado la cocina, y voy a aumentar la producción, sí, voy a hacer… ¡el doble de litros! ¡buaaaaaaaa! ¡a topeeeeeeee! ¡tiembla Brewdog!

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