¡A por las trappist!

El estilo estrella para el concurso de cerveza casera de la ACCE el año que viene es el estilo «trappist», en todas sus variantes. Y en mi opinión, es uno de los más complicados de hacer con éxito en casa, son cervezas complejas donde la levadura juega un papel fundamental y donde un control de temperatura se hace también muy importante.

Contradiciendo un poco al sentido común, ya que me hubiese gustado empezar por una cerveza más sencilla, hace unos días me vi estrenando el nuevo equipo, usando una levadura líquida por primera vez (previo starter), e intentando un estilo belga por segunda vez. Disponía de un vial de levadura White Labs 530 Abbey Ale que estaba llegando peligrosamente a su fecha de caducidad, por lo que no podía esperar más para usarlo. Así que siguiendo las instrucciones de Homebrewer.es y un montón de consejos que me dieron varios amigos cerveceros, el miércoles inicié el starter de unos 750ml de mosto con la levadura. La cerveza iba a hacerla en sábado, pero por problemas logísticos finalmente la hice el domingo por la tarde.

El objetivo es una «single trappist», el subestilo menos alcohólico (luego estarían las dubbel, tripel y quad), ya que ponerme a hacer algo más fuerte sin saber cómo iba a resultar el «control rudimentario de temperatura» no era la mejor idea. La receta es bastante sencilla, maltas pale, pils, trigo y biscuit, con algo de azúcar en el hervido y lúpulo Williamette y Saaz. El objetivo era obtener unos 7,5-8 litros tras el hervido, para ello necesitaba unos 9.6 litros antes de hervir, pero todavía no tengo la olla calibrada y creo que fue algo menos con lo que empecé.

Enfriando el mosto

Sigue leyendo

Cata vertical de Orval

Recuerdo la primera vez que probé una Orval, fue en nuestro viaje a Bélgica de hace unos años, en una preciosa y escondida cervecería del centro de Bruselas, Au Bon Vieux Temp. Esto fue en mayo de 2014, y tras volver y beber otra botella ya en Madrid, decidí que había que comprar una más y olvidarla en el trastero, de donde fue rescatada hace unas semanas.

En ocasiones, el no tener ni idea de lo que te vas a encontrar ni saber nada acerca de sus ingredientes (por aquel entonces apenas sabía lo que era el «brett», ni tan siquiera que se usaba en esta cerveza), hace que no estés condicionado y juzgues por ti mismo, de manera objetiva, lo que tienes delante. La mayoría de la gente que me conoce sabe que mi relación con el «Brettanomyces» (brett, para los amigos) es bastante distante, he probado muy pocas cervezas fermentadas con estos «bichitos» que me gusten. Normalmente lo primero que me tira para atrás es los desagradables (para mi) aromas que desprenden las cervezas que lo llevan, sinceramente, si algo es descrito como «olor a manta de caballo» u «olor a cuadra», creo que ya poco más os tengo que contar. Pero en gustos no hay nada escrito, por supuesto 🙂

Sigue leyendo