Viaje a Praga (I)

No tengo muy claro cómo empezar esta entrada ni cómo condensar la información de tal forma que pueda dejar plasmado lo que dio de sí nuestra escapada por una de las consideradas ciudades más bonitas del mundo, Praga. Y es que sin haber viajado tanto como me gustaría, sí que tengo que decir que la capital de la República Checa es preciosa, camines por donde camines hay algo que ver, es acogedora, tranquila incluso teniendo en cuenta la cantidad de turistas que atrae, y por supuesto, es un destino obligatorio para los amantes de la buena cerveza.

Personalmente, y hablando ya desde el punto de vista estrictamente cervecero, para mi Praga marcó un antes y un después. Hace unos diez años visité por primera vez la ciudad junto con mis padres y mi hermano, y fue allí donde descubrí de verdad la cerveza. Por aquel entonces apenas sabía nada sobre ella, es más, no era ni de lejos mi bebida favorita, pero allí me di cuenta que no todas las cervezas negras son iguales (y ni mucho menos se parecían a la Guinness…),  y que las “rubias” que allí servían poco o nada tenían que ver con las cañas que se ponían por aquí.

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Visita a Pilsner Urquell (Pilsen)

Recientemente hemos estado unos días de vacaciones en Praga, y uno de esos días lo dedicamos a hacer una visita a la fábrica de Pilsner Urquell en el pueblo de Pilsen (Plzeň, en checo). Antes de nada, por si alguno está preparando escapada, comentar que para llegar hasta Pilsen desde Praga hay varias opciones (bus, tren), nosotros nos decantamos por ir en metro (línea B) hasta la parada de Zličín, y allí coger un autobús de la compañía Student Agency. Se puede sacar por internet con antelación o allí mismo, nosotros llevábamos el de ida ya comprado y el de vuelta lo compramos en la misma taquilla en Pilsen diez minutos antes, pero fuimos entre semana. Si vais en fin de semana miraría de tenerlos comprados con antelación tanto el de ida como el de vuelta.

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Regensburg (Baviera V)

La última parada de nuestro viaje antes de volver a Nuremberg a coger el avión de vuelta (bueno vale, y de paso tomar la última…) fue Regensburg (o Ratisbona en castellano). Posiblemente uno de los sitios que más nos gustó del viaje, o al menos uno de los días que más a gusto estuvimos.

Allí se dieron varias circunstancias que hicieron que disfrutáramos como si fuese el inicio de las vacaciones, una ciudad con un casco histórico precioso (no en vano, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco), un ambiente relajado y sin aglomeraciones de gente, temperatura ideal para pasear y llegar a todas partes andando, y cómo no, también buena cerveza.

Llegamos en tren desde Munich casi con el tiempo justo para dejar las maletas en el hotel e ir a comer. Esta vez llevábamos recomendación de nuestros amigos “locales”, así que fuimos a tiro fijo a comer al restaurante que la cervecera Weltenburger tiene en el centro, el Weltenburger am Dom.

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Munich (Baviera IV)

En Munich hicimos cuatro noches, aunque no estuvimos todos los días en la ciudad, ya que también aprovechamos para visitar Füssen (también allí había cervecerías locales, aunque no nos dio tiempo a tomar nada) y acercarnos al castillo de Neuschwanstein, lo que nos llevó un día entero. La verdad es que aunque Munich sea una ciudad grande (algo menos de 1.5 millones de habitantes), el casco histórico se puede recorrer bastante bien andando, siendo además muy agradable el paseo al haber muchas calles peatonales (aunque aquí en Madrid mucha gente no acabe de entender esto, sí, es una gozada…).

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